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Discurso en la inauguración de la Conferencia Internacional sobre el Sida, 2018

Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus
Director General de la Organización Mundial de la Salud

Buenas tardes. Gracias por invitarme a participar en tan importante evento internacional de salud pública. Es un verdadero honor. Me gustaría agradecer a Linda-Gail (Bekker) y Peter Reiss.

También me gustaría agradecer al gobierno de los Países Bajos su liderazgo en la promoción de los derechos humanos y la equidad en la salud y en el acercamiento a las poblaciones clave.

Asimismo, quiero recordar a los colegas que perdimos hace cuatro años en el trágico accidente del MH17, entre los que estaba Glenn Thomas, funcionario de la OMS. Honro la memoria de Glenn y de todos los fallecidos en ese accidente.

Como sabéis, este es un año destacado para la OMS. Es nuestro 70.o aniversario.

La OMS se fundó en 1948 con la convicción de que la salud es un derecho humano de todas las personas, y no un privilegio de unos pocos.

Hoy, esa convicción sigue estando en el núcleo de todo lo que hacemos. Lo han dicho todos los que han hablado antes que yo. Y sigue estando en el núcleo de la lucha contra el VIH.

Desde el cambio de siglo, hemos hecho progresos increíbles.

Juntos, hemos cambiado el rumbo del VIH. Hemos transformado una sentencia de muerte en una enfermedad tratable.

Hay millones de personas en tratamiento. Aún mejor, hay millones de personas que NO reciben tratamiento porque les dimos las herramientas para protegerse.

Hemos acelerado la investigación y el desarrollo. Hemos traspasado los límites de la ciencia y ahora vamos en busca de una cura.

Hemos defendido los derechos de los más marginados y vulnerables.

Pero no hemos terminado. Las conquistas hechas están amenazadas; hay signos de vacilación del compromiso político y de reducción de la financiación.

En mayo de este año, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una nueva estrategia quinquenal para la OMS, para que apoye a los países en su camino hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En su centro están lo que llamamos los objetivos de los “tres mil millones” para 2023:

cobertura sanitaria universal para 1000 millones más de personas;
mejor protección frente a emergencias sanitarias para 1000 millones más de personas, y
mejor salud y bienestar para 1000 millones más de personas.

Estamos transformando la OMS para que se convierta en una Organización capaz de alcanzar estos objetivos donde más importa, no en Ginebra, sino sobre el terreno, en los países.

En todo el mundo, estamos trabajando con los países para fortalecer sus sistemas de salud y ayudarlos a avanzar hacia la cobertura sanitaria universal, de modo que todas las personas tengan acceso a los servicios que necesitan sin tener que hacer frente a dificultades financieras.

Pero la realidad es que más de la mitad de la población mundial no tiene acceso a servicios de salud esenciales, tales como vacunación, tratamiento para el VIH, las hepatitis y la tuberculosis, servicios de planificación familiar o la posibilidad de ser atendidos por un profesional sanitario.

Por otro lado, casi 100 millones de personas son empujadas cada año a la pobreza extrema por tener que pagar de su bolsillo el costo de la atención sanitaria.

Hay que acabar con esta situación indignante.

Nadie debería enfermar y morir solo porque es pobre o está marginado.

Cuando Dorothy (Onyango) dijo que solo tres de las 24 mujeres sobrevivieron, fue la pobreza y la falta de equidad y solidaridad lo que mató a las demás. Llegamos tarde para salvarlas.

Muchos de los que se quedan por el camino son los más afectados por el VIH, como los consumidores de drogas, las personas transgénero, los trabajadores del sexo, los hombres que tienen relaciones homosexuales y los reclusos.

Nuestro creciente énfasis en la cobertura sanitaria universal no debe verse como una amenaza para los programas contra enfermedades específicas, como la infección por el VIH. De ningún modo.

De hecho, es una oportunidad para acelerar nuestros esfuerzos por eliminar el sida y amplificar el impacto de las inversiones en la lucha contra el VIH.

Porque no habremos ayudado realmente a un niño si lo tratamos contra el VIH, pero no lo vacunamos contra el sarampión.

No habremos ayudado realmente a un gay si le damos profilaxis antes de la exposición, pero dejamos su depresión sin tratamiento.

No habremos ayudado realmente a un trabajador del sexo si le hacemos pruebas de detección de infecciones de transmisión sexual pero no de detección del cáncer.

No habremos ayudado realmente a una comunidad si le damos preservativos, pero no servicios para dejar de fumar.

La cobertura sanitaria universal significa que TODAS las personas tengan acceso a TODOS los servicios que necesitan, para TODAS las enfermedades y afecciones.

Yo soy uno de vosotros. He participado en muchas de estas reuniones. Habéis demostrado lo que es posible cuando se movilizan energía, pasión y recursos para hacer frente a una enfermedad devastadora. Sois los mejores. Sois el modelo a seguir.

Ahora os pido que aprovechéis esa misma energía y pasión, y esos mismos recursos, para lograr la cobertura sanitaria universal.

Así es como venceremos el sida y construiremos un mundo más saludable, más seguro y más justo para todos, en todas partes. Espero que estéis conmigo. ¿Estáis listos para los desafíos? ¿Estáis conmigo? ¿Vamos a hacer esto juntos?

Gracias.

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